La vida emocional pasa por muchos momentos y la historia personal de cada individuo está marcada por la forma en que vivió esos momentos. De hecho muchas personas tienen historias que han formado con parejas que ahora son parte de sus recuerdos, de su ayer. Nuestra opinión respecto al amor en pareja normalmente viene de allí, de cómo vivimos esas relaciones y cómo nos afectaron esas vivencias en particular, pero yendo más allá, cómo decidimos conscientes o no de ello, actuar frente a lo que nos haya sucedido.

La historia emocional como la historia de la vida podría asemejarse a una montaña rusa, con subidas y bajadas, con altos y bajos, mañanas y tardes grises, momentos de realización y otros marcados por los desafíos, sin embargo lo que determina la calidad de vida, y en este caso, la calidad de vida emocional es cómo reaccionamos frente a eso que nos pasa y cómo manejamos las situaciones.

Hago mención de esto porque cada relación es como una vida en pequeño, una montaña rusa por la cual se pasa por altibajos, hasta que el individuo termina estabilizándose en este aspecto. Siendo así en una relación se pueden pasar por momentos que exigen de quienes viven esa realidad lo mejor de ellos para poder manejar esas eventualidades.

Se pasan por muchas cosas, pero las relaciones desafiantes, esas que pasan por muchos momentos de dificultad y en lugar de vivir una relación sana, productiva, alegre viven en un continuo malestar que degrada, resta, obstaculiza la relación se da porque uno de los dos o peor, los dos, no está a la altura interior, es decir, de madurez para aportar y mientras no aporte la persona en una relación, es muy normal que entonces estorbe y dañe lo que podía haber sido algo maravilloso.

Hay personas que parecieran estuvieran allí para torpedear cualquier cosa aunque sólo sean buenas intenciones. Atacan todo, dañan todo con su inmadurez, su falta de sentido común, sus carencias, su falta de responsabilidad consigo mismos, sus complejos y esa falta de riqueza interior la trasladan a su relación de pareja afectando a esta última y de qué manera.

Allí aparecen las “malas” reacciones, es decir, las negativas, tan oscuras que terminan haciéndole daño a quien toma ese tipo de acciones convirtiéndose en doble víctima, víctima de la persona con la que comparte o compartió y víctima de sí mismos.

En muchas relaciones se sufren desplantes, faltas de respeto, injuria, indiferencia y hasta violencia, agresiones psicológicas, físicas, cientos de maneras de afectar a la pareja y a la relación, situaciones que de una u otra forma muchos vivirán o ya vivieron o peor, siguen repitiendo. Lo cruel e irónico de esto es que en gran cantidad de ocasiones quien es víctima de estas situaciones en el dolor que le producen estas conductas nocivas decide después de esa relación proyectar su malestar en sus potenciales parejas, trasladando el daño sufrido a otras personas que inocentes desconocen lo sucedido o JAMÁS participaron en esas conductas previas. De víctimas se convierten en victimarios, justificados en su dolor se dan permiso de realizar conductas que en su momento consideraron reprochables.

Ahora andan por la vida emocional infringiendo daño a sus parejas inocentes y así reclaman venganza por conductas reprochables que tuvieron para con ellos, y de esta manera dejan una estela de corazones rotos dentro de los cuales habrá quienes también hagan lo propio generando un efecto bola de nieve y quién sabe cuándo y dónde irá a parar todo esto.

Y todavía en una jugada audaz pero totalmente imprevisible, hacen un movimiento más allá generando mayor dolor cuando deciden mutilar su propia capacidad de amar reprimiéndola, y entonces optan por NO VOLVER A AMAR, es decir, no permitiéndose vivir, negándose a experimentar una nueva relación, negando la posibilidad de una nueva vida emocional cuando una relación ya es historia y otra es posible que comience a emerger.

En un claro ataque contra sí mismos comienzan a dilapidar cualquier manifestación de afecto, cariño, amor que salga de sus corazones y atrincherados en su propia burbuja asfixian cualquier expresión de la nobleza afectiva y simplemente encerrados en sus temores que a toda costa quieren evitar repetir historias dolorosas y así simplemente se niegan vivir.

Si bien es cierto que por muy justificado que alguien se sienta al creer que puede agredir a alguien cuando recibió un maltrato de este tipo, conducta a todas luces reprochable producto de una total falta de madurez, de un carácter totalmente impulsivo y agresivo, más absurdo es todavía en supuesta “venganza” dañarse a sí mismos por algo que alguien le hizo antes. ¿?

La excusa que consideran razonables estas personas es que amparadas en uno o más desaciertos emocionales en su pasado y con un supuesto ánimo preventivo deciden dejar de vivir una etapa maravillosa de la vida y entonces profetas de su propio desastre emocional comienzan a encontrar argumentos que soporta tal decisión cuando encuentran por doquier casos que así les testimonian la validez de sus argumentos y peor aun, cuando advirtiendo a otros del peligro en el que caerán si le siguen haciendo juego a sus expectativas emocionales y estos últimos terminan cayendo en desventuras amorosas, terminarán por darles más argumentos los cuales solidificarán aquellas ideas y entonces en una espiral descendente acaban por asfixiar cualquier espacio para el corazón.

Golpearse a sí mismo porque alguien hizo algo que le causó daño es a todas luces ilógico.

Nos guste o no la vida es maravillosa pero implica un riesgo degustar de todas esas maravillas que ella nos da. Nadie puede vivir exento de las tribulaciones de la existencia y el amor no es una excepción a la regla. Algunos han logrado en su primer intento dar con esa persona excepcional que adorna sus vidas, otros en cambio han tenido que pasar por varios intentos fallidos antes de lograr con esa persona que llena sus expectativas, unos más aun siguen en sus intentos sin lograr mayor cosa y en otros casos hay quienes a pesar de sus intenciones nunca logran nada.

Hay que aprender a vivir, y con la absoluta seguridad que si dejamos de golpearnos y cortarnos las venas por un dolor amoroso, y si seguimos en el camino, tarde o temprano se logrará allanar los caminos de la felicidad afectiva.

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