Una cualidad del comportamiento a la que muchos respetan, valoran, la distinguen como algo muy especial pero que contradictoriamente rehúyen es al compromiso. Esto es así básicamente porque cuando asumimos compromisos optamos por caminos que exigirán de nosotros una serie de respuestas frente a eso sobre lo cual nos comprometimos, en consecuencia debemos por un lado renunciar y por el otro asumir, responder frente a aquello sobre lo cual nos comprometimos.

El compromiso aunque admirado resulta esquivo por las personas que frente a él creen que se obligan, y por ende al no querer estar amarrados prefieren seguir defendiendo sus estilos de vida que en muchas ocasiones aunque en el momento resulte gratificante a la larga no lleva a ningún lado.

De allí que suene contradictorio que muchas personas deseen encontrar lo mejor de la vida para ellos, deseen un excelente nivel intelectual, anhelen tener independencia financiera, tener su propio negocio, su propia empresa, tener su casa, alcanzar un cargo de gran prestigio e importancia, degustar de una buena relación de pareja, gozar de una condición físico atlética envidiable pero extrañamente no quieren comprometerse para alcanzar eso que dicen desear para sí.

Cuando comienzan el camino que los llevará a la gloria de materializar eso que dicen querer, al notar los esfuerzos enormes que eso implica, el trabajo diligente, los "sacrificios" que hay que hacer, toda la energía, tiempo, dinero incluso que hay que dar a cambio para lograrlo se asustan y dicen que todo eso requiere mucho compromiso y se evaden.

Si quisiéramos encontrar algunas características de las personas fracasadas, es decir de aquellos que se frustraron porque nunca fueron lo que quisieron ser está la evasión y dejar para después, aplazar, es decir la tan mencionada procrastinación

Tanto la evasión como la procrastinación son evidentes síntomas de la falta o total ausencia de compromiso de un individuo que no quiere dejar su vida "Light", su vida "sin compromiso" tanto así que tienen sus propias reflexiones para poder defenderse de todo aquello que se asemeje a un responsabilidad: "Soy libre, nada me ata", "quien me quiera que me acepte como soy", entre otras.

La cuestión pasa por la concepción errónea que se tiene con el compromiso en sí. Se tiende a suponer que comprometerse es "amarrarse", "encadenarse" y en el entendido que a nadie o por lo menos a la mayoría no le gusta atarse le huyen con temor. Si el compromiso fuera realmente un encarcelamiento, una imposición que coarta la libertad o quita de tajo la autonomía entonces bien valdría esquivarlo. Pero el compromiso NO ES ESO.

El compromiso es un nexo moral que cada quien hace con algo o alguien donde rige su libre albedrío, su libre voluntad de "estar allí, de dar lo mejor de sí allí donde decidió estar", dando todo lo que hay en el ser, poniendo todos los recursos, habilidades, cualidades, talentos para materializar el deseo que se alberga en el corazón.

Cuando esto es así, cuando hay compromiso el individuo libera su potencial, su creatividad, hay una explosión del talento y así, aparece la exultante motivación interior por seguir haciendo eso en lo cual libremente se comprometió.

A las personas comprometidas no hay que vigilarlas, ni obligarlas para que hagan eso en lo cual pusieron su corazón. Ellos lo hacen sin necesidad de la observancia ajena.

Con compromiso la gente estudia libremente. Hacen dietas libremente. Hacen deporte libremente. Son leales libremente. Y como consecuencia se hacen mejores, crecen, se renuevan, su energía pareciera ilimitada, van más allá de donde otros típicamente abandonan.

El compromiso no es magia y este no es un discurso retórico a favor de este. El compromiso no nos exonera de enfrentar retos, desafíos, vientos en contra. No nos libera de vernos cara a cara con el desaliento, la desesperanza y la falta de fe. Sólo que ante estas circunstancias donde muchos simplemente se evaden y pierden, la gente comprometida a pesar de todo, continúan.

Por decirlo de manera gráfica: Cada quien tiene su propio monte Everest que escalar si así lo desean pues en la cumbre está lo que para cada uno es lo más preciado. Lamentablemente no cualquiera puede escalar esta desafiante montaña pues hacerlo requiere de tantas, tantas cosas que sin compromiso prácticamente sería imposible escalarla.

Llegar a la propia cima del monte Everest toma años, años de trabajo, de dedicación, de empeño, de perseverancia, de tenacidad, de una fe inquebrantable, de una muy buena y sana confianza en sí mismos y una disciplina de acero. A parte de tiempo, dinero, dedicación.

Eso es compromiso.

Y no todo el mundo está dispuesto a dar tanto por algo que aunque quieren, no están en la posición de pagar semejante precio. Por eso es que el mundo está en tan pocas manos.

HÉCTOR LEONARDO MORA SANTIAGO
Desarrollo Empresarial y Humano
Consultor - Conferencista
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